La imagen corporal vs Propaganda

Cuando se habla de imagen corporal nos referimos a la imagen mental que las personas hacen de sus propios cuerpos, pero también incluye el cómo se siente las persona respecto a esa percepción.

No nacemos con una imagen de nuestros cuerpos, sino al contrario, la sociedad en que vivimos y el entorno en el cual estamos nos da las pautas para la consideración de nuestra imagen corporal. En muchos sentidos esta imagen se desarrolla como una respuesta a los patrones culturales del momento histórico quien os toca vivir.
En otras palabras, la imagen corporal que las personas tengan de sí mismas va a estar condicionado por lo que una sociedad en particular entienda sobre que es bello o feo. Es decir, la imagen que desarrollemos estará ligada a un factor externo, más que interno.

En este contexto la propaganda aparece como uno de los factores más condicionantes que tienen las personas en el siglo XXI para desarrollar una adecuada imagen corporal.

Las personas tenderán a compararse de tal o cual modo teniendo en mente un patrón o un modelo respecto a que es un lindo cuerpo o no. ¿De dónde sale ese patrón? Pues de factores culturales. Es innegable que la publicidad transmite patrones corporales.
Uno de los mayores impactos de la publicidad es que hace que las personas refuerzan su preocupación por el atractivo físico. Sin embargo, el modelo son personas que no son naturales, ya sea porque han tenido que arreglar sus cuerpos, o porque escapan al común de los individuos.

El efecto en muchos casos puede ser nocivo, Esta probado que algunos señoritas o varones, pueden desarrollar desordenes alimentarnos como la anorexia o la bulimia influenciados por el impacto mediático, lo que llevaría a desarrollar una mala imagen corporal de sí misma.

Muchos jovencitos y mujeres adultas, inevitablemente se ven influenciados de manera negativa por la publicidad y por las imágenes que se muestran en ella, al grado de llevarlas a desarrollar una imagen distorsionada de sus propios cuerpos.

Una de las razones que esto ocurra es porque tienden a compararse con las imágenes que ven y a evaluar sus propios cuerpos siguiendo dichos patrones estéticos.
El compararse con los modelos publicitarios puede provocar en muchos jóvenes, de ambos sexos, depresión, ira, y una imagen distorsionada de sus propios cuerpos. Y evidentemente todo esto va en desmedro de la autoestima.

Así que el asunto no es sencillo y los efectos son complejos. La publicidad se convierte de este modo en un espejo desfigurado de la realidad. Solo muestra a mujeres bellas y jóvenes delgadas. Presenta varones con estereotipos atléticos, jóvenes y musculosos. El típico adolecente o joven simplemente no existe en la propaganda.

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