La OMS (Organización Mundial de la Salud) afirma que del 3% al 5% de la población mundial, en algún momento de su vida, sufrirá de depresión. La depresión es una realidad que todo adulto conoce y que nos acecha diariamente. Pero nos resistimos a aceptar que los niños y adolecentes puedan sufrir depresión. Sin embargo, con más frecuencia de lo que creemos, nuestros hijos son presas de este mal.
Debemos diferenciar entre la enfermedad depresiva propiamente dicha y la depresión como síntoma aislado. La primera es una enfermedad mental seria y no esta difundida en la niñez. La segunda es una situación emocional que tiene una cusa concreta, es una reacción a un acontecimiento: enfermedad, duelo familiar, fracaso escolar, divorcio de los padres, etc. Esta si ocurre a menudo en los infantes y adolecentes.
Este mal habitualmente se presenta camuflado, enmascarado, por síntomas aparentemente ajenos: crisis de asma, cólicos abdominales, eccema, movimientos de balanceo, lloriqueos continuos, manipulación de los genitales, juego con las heces. Cada uno de estos síntomas, aisladamente no indica depresión, pero el conjunto de ellos orienta el diagnostico.
Los escolares irritables, inseguros, enuréticos (que se orinan en la cama), onicofágicos (que se roen las uñas), insomnes, de sueño agitado, que se despiertan muy temprano, ávidos por los dulces, son candidatos al diagnostico depresivo. En otros casos, la depresión se manifiesta en un retraso escolar que nadie acierta a explicarse.
Los adolecentes depresivos tienen una actitud activo –agitada: rebeldía, irritabilidad, tics, miedo, aislamiento, agresividad, las niñas depresivas adoptan una actitud pasivo-Inhibida: dolores de cabeza, tristeza, obediencia extrema, discreción exagerada, obesidad, anorexia (faltad e apetito), o sea lo que se llama el “síndrome de cenicienta”.
Del 2% al 33% de todos los niños con comportamiento alterado, presentan depresión de grado medio a severo; del 6% al 8%, solamente de carácter leve. A pesar de que el panorama no es alentador, es posible ayudar a los niños que sufren de depresión,. Para ello es necesario diagnosticar el síntoma a tiempo, evitar las causas y seguir el tratamiento profesional recomendado.













